La ventana. Sólo hay de dos sopas

Diana Rubio Garay

Tres noches sin dormir bien y otras tantas con los ojos bien abiertos. Desayunos y cenas ralas por  la ausencia de  apetito y vigor, porque hasta para comer hay que tener fuerzas. La ropa hecha bola a un lado de la cama donde medio duerme, porque el sueño también se le fue y no le dijo a dónde. Trastos amontonados como si viviera un soltero descuidado, pero ahí vive una mujer. La basura huele mal y ya no cabe en el bote, le avergüenza pero  es más fuerte el desgano y la pereza que el deseo de ver limpio, tal vez mañana pueda tomar la escoba o de menos cerrar las bolsas de basura para que las cucarachas se vayan a otra parte. Le pesan los pies, le duele la espalda y ahora hasta el pecho.  Los pagos  pendientes esperan  pegados en el refrigerador y  el polvo  de dos semanas se ve desde el lavadero hasta la cochera.  Mañana si lavo se dice mientras hace una mueca  al verse en el espejo. ¡Qué cara!   requiere  maquillaje pero le urge más un baño y visitar al peluquero, al dentista, al terapeuta, al verdulero, a toda esa gente que es necesaria si se quiere estar bien y en orden. ¿Por dónde iniciar? ¿Cuándo se empezó a abandonar?

     Tomó la libreta donde anotaba sus actividades diarias, ahí estaban  los principios   para sanar.  Día uno: levantarse 6:30 de la mañana. Tomar un juego verde, natural. Recordó a un instructor de baile que salía en la televisión y había dado la receta de los 21 días.  Repetía: es un privilegio preparar el propio alimento. La gente ignora las formas y aromas de las frutas. Observa los colores y la textura de los vegetales y agradece que puedes comer y prepararlos. Recuerda, sólo hay de dos sopas: seguir como estás o luchar y salir del hoyo. Dos. Busca un parque y camina, siente la brisa de la mañana y respira profundo. No lo olvides: sólo hay de dos sopas: volver a dormir y sentirte peor o salir y enfrentarte a un nuevo día. Saluda y contesta los saludos aunque sea de gente extraña, trata de sonreír. Tres: después del ejercicio toma un baño y disfruta el agua por todo tu cuerpo. Si puedes canta, ora y agradece que tienes agua. Se recomienda el agua fría pero la caliente te hará  perder el miedo. Porque tienes miedo, dolor, tristeza y… El eso paraliza. Ten presente que sólo hay de dos sopas: seguir oliendo mal o asearte y verte mejor.  Cuatro: desayuna fuerte aunque no sientas gran apetito. Agradece. Cinco: sigue tu vida normal aunque te cueste, gánale al día porque sólo hay de dos sopas: quedarte ahí o vencer…

diana.rubioguadalajara@gmail.com

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