Con la implementación del  Frente Ciudadano  por México, FCM,  único en su género por la evidente contradicción de sus integrantes,  al firmarlo fuerzas partidistas, no hace mucho, totalmente diferentes como son el PAN (derecha) , PRD (izquierda) y Convergencia (amorfo), principalmente, se pone en evidencia el nuevo pragmatismo de la política mexicana.

Con asombro, al menos para una buena parte de la base partidista, las dirigencias, sin previo consenso de su militancia, acuerdan pactar un “Frente” que a todas luces abandera un movimiento político “etiquetado” en favor de sus intereses de grupo, más allá del interés general de un proyecto de nación, por ejemplo.

Constituir un FCM estaría a la altura de una nación que buscara su integración y defensa del conglomerado social general, es decir si su origen y dirección estuviera pensado en verdaderamente “sacar al buey de la barranca”, o sea que se creara con objeto de luchar por el desarrollo, progreso o defensa de la integridad nacional.

Sin embargo en este caso, más parece un frente de mafias de la élite partidista que un real proyecto de nación democrática, sobre todo considerando que se crea y consolida, sospechosamente en una coyuntura electoral.

Resulta lamentable que las ideologías, no hace mucho defendidas con valentía y entereza se hayan ridiculizado en aras de “juntarse solo para joder a MORENA”, como es evidente que parece.

La riqueza de una integración de fuerzas político-sociales, si fuera el caso de defender la soberanía nacional, o los recursos naturales o para luchar contra el crimen organizado o contra la pobreza, por ejemplo pone en evidencia la podredumbre de su fin.

En este sentido, las cúpulas partidistas muestran y demuestran que las base o la militancia es  una “borregada” fácil de manipular, al finque no dice nada. La práctica política en este contexto traiciona, trastoca y difiere abiertamente la vocación democrática de una sociedad que aspira a trascender más allá de “de un pragmatismo que deja ver más corrupción que una solución social”.

Por lo pronto por acá en la región serrana, la base militantes panista y de lo que queda del perredismo  cuestiona  a sus  dirigentes mediáticos que lejos de consensar o tomarlos en cuenta simple y llanamente hace uso de ellas para conquistar nuevos cargos o seguir bajo el presupuesto de funciones de poca rentabilidad para el grueso de la comunidad.

Básicamente el perredismo, bueno lo que queda de él, al menos en Arroyo Seco, Querétaro, que ya había logrado encabezar una administración municipal, queda sin claridad  ante un acuerdo  que a todas luces traicionan su origen y principios que lo distinguieron en la región serrana. (Columna semanal publicada en Diario de Querétaro)

 

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